Los descendientes de la antigua comunidad Diaguita reclaman la posesión de las tierras en donde habitó uno de los mayores pueblos indígenas de Latinoamérica. Por ahora, nadie los escucha.

“Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos (…) y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan” Tan claro como el agua es el artículo 75 en el inciso 17 de nuestra Constitución Nacional. Por algún motivo, pareciera que a los indios Quilmes se los excluye de dicho texto.
El pueblo de Quilmes data del
Sin embargo el territorio en el que vivió este pueblo en el que habitaron alrededor de 5000 personas, hoy es un verdadero tesoro arqueológico que pasa de mano en mano. Y los descendientes, los verdaderos herederos piden que alguien los escuche y se les devuelva lo que es suyo.
Marcelo tiene 22 años y aunque su sangre no es puramente Quilmes, el asegura sentirlo así: “No quedan descendientes directos. Sí hay descendientes de mezcla, como yo. Pero nuestra esencia y nuestro espíritu de lucha es el mismo que tenían nuestros antepasados cuando se enfrentaron a los españoles que vinieron a destruirlos y robarles las tierras”, relata con pasión. Marcelo hace dos años que es guía arqueológico del sitio. Cuenta que le encanta leer pero apenas llegó a séptimo grado. “Acá en ‘El Paso’, uno de los tantos pueblos de los Valles Calchaquíes, no se puede llegar mas lejos que eso. Para terminar el colegio debí irme a Salta y económicamente no podía. Igual estoy contento acá, esto es una lucha que queremos ganar. Queremos lo que es nuestro”
Los Kelmes, como indica su verdadero nombre, fue el pueblo que más tiempo resistió a la conquista española. Fue una lucha de 500 años y el mayor levantamiento estuvo liderado por Felipe Calchaquí, que le dio nombre al Valle. “Quedaron vivos 1000 indios que fueron obligados a caminar mas de 1.000km hasta Buenos Aires, precisamente a la ciudad de Quilmes, que en consecuencia hoy lleva el nombre de nuestra ciudad sagrada. Sólo llegaron vivos
Inmediatamente señala la punta del cerro y cuenta que las mujeres se arrojaban desde ahí, de lo alto, con sus hijos para evitar las torturas y las violaciones de los conquistadores.
“Nuestra lucha, la de los descendientes, lleva un poco mas 30 años. Pero si tenemos que pelear por 500 o 1000 lo vamos a hacer. En el 77 las tierras se las expropió el Estado a terratenientes. Después, a pesar de nuestros reclamos le otorgaron la concesión por 10 años a un tal Héctor Cruz, que destruyó el lugar. Tenía $100 pesos al mes. Un canon ridículo que ni siquiera los pagaba. Construyó un hotel, un museo e hizo un desastre sin ningún tipo de estudio previo ambiental”.
Una serie de marchas cortando la ruta tuvieron como consecuencia la respuesta del Gobierno de Tucumán que por fin llegó y dio fin a la concesión. Conjuntamente, prometió en un futuro inmediato restituirles
“Ya logramos la posesión tradicional de la mayor parte del territorio ancestral. Ahora queremos que se nos reivindique como los legítimos herederos y poseedores de estas tierras. Cientos de años atrás fueron los españoles, hoy tenemos a las viñas de un lado y las minas del otro. Ahora parece que se encontró un gran a algunos kilómetros de acá. Si esto se confirma, perdemos. Nos están acorralando y vamos a desaparecer”. A Marcelo se le quiebra la voz y pierde su mirada entre las montañas. Esas que fueron testigos de la historia. De su historia.
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